Sin más observaba las brillantes estrellas, con ese frío que te hace salir vapor al exhalar y hiela la nariz al inhalar. Sobre el techo del auto entre sentada y recostada, admirando el nítido cielo casi palpable sin tantas luces de ciudad. Un par de ladridos y los grillos que armonizaban la fría noche de verano, pese a oírlos solo entre las pausas de mi MP3.
Un Sr. que se acerca con su típico cigarrillo, con su típica mirada fría, con su típica búsqueda desesperada por charlar... y no afrontar que es un hombre solitario y ya bastante mayor.
Continuará...

