Lo sentí demasiado intenso, en el momento en que estaba por pasar cualquier idiotez por mi cabeza (algo trivial) pensé mucho en ella, pensé en cómo estaría, busqué sus cartas, sus regalos... la recordé intensamente, como casi nunca lo hacia. Lo admito; como jamás lo hice.
Sabía que su casa no quedaba lejos, era el momento perfecto; nada que hacer, nada que pensar, nada de nada. Había olvidado su cumpleaños, su anorexia, su pena. A unas cuadras me sentí terrible, sudaba de la nada mientras se me apretaba la garganta ¿Debía correr? me parecía ridículo y desesperante.
Al llegar justamente la puerta abierta hizo que su madre notara mi presencia. "Pasa", me indicó con una pequeña sonrisa "al fondo, en esa pieza, anda a verla". Supongo que esperaba algo malo pero nunca es tan cercano a la realidad, quise pensar que no era nada terrible pero los huesos tan marcados me asustaron de inmediato, las ojeras, el cabello opaco: casi era obvio.
-¡Que bacán que viniste! -exclamó mientras extendía sus delgados brazos-
-¿Qué te paso? ¿Hiciste algo...?
-Créeme que no fue mi culpa, fueron los médicos, yo me quería mejorar; fue sobredosis por negligencia medica. Pero ayer llegué del hospital, ya estoy mejor.
-¿Hospital? ...soy muy mala amiga, ni siquiera sabía eso. Sorry.
-No importa, viniste y eso es lo más rico que me ha pasado hoy.
-Que Bueno que vine entonces -y la abrasé otra vez-.
Nunca creí demasiado en éstas cosas, en éstos "presentimientos" pero creo que son reales y fuertes. Que bueno que ahora todo está bien.